¿Cuántos días aguantaría tu empresa sin vender?

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Artículo de opinión de Miguel Ángel Lacoma: Días de caja = dinero disponible ÷ (pagos fijos mensuales ÷ 30)

Hay una pregunta que casi ningún empresario del Bajo Cinca sabe responder con un número: si mañana se parase la venta, ¿cuántos días aguantaría tu empresa?

No cuánto aguantarías tú. Tu empresa.

Es la pregunta incómoda de este mes, y lo es precisamente porque no se intuye: se calcula. Muy poca gente lo hace. Y por eso la mayoría de las empresas no saben si tienen tres meses de aire o tres semanas.

Empecemos quitando un malentendido, porque aquí se cae mucha gente. Tener dinero en el banco no es tener días de caja. Y ganar dinero no es tener caja. Se pueden dar las dos cosas a la vez: una empresa con beneficio en la cuenta de resultados y sin un euro para pagar la nómina el día 30. No es una contradicción. Es que una cosa se mide en el tiempo y la otra se mide en el momento.

Tu gestoría te dirá que la contabilidad está bien. Tu banco te dirá el saldo. Ninguno de los dos te va a decir cuántos días aguantas. Esa cuenta hay que hacerla con criterio, no con el extracto.

Y es sencilla. Por eso duele:

Mira cuánto dinero tienes disponible de verdad: banco y caja, menos los descubiertos y menos los pagos que ya tienes comprometidos.

Suma lo que sale cada mes solo porque la empresa existe: nóminas, alquileres, seguros, cuotas de préstamo, suministros, impuestos.

Divide.

Días de caja = dinero disponible ÷ (pagos fijos mensuales ÷ 30)

Un ejemplo con números redondos. Una empresa que factura 30.000 € al mes y tiene 25.000 € de pagos fijos: eso son 833 € al día. Si en el banco tiene 20.000 €, aguanta 24 días. Menos de un mes. Y si sus clientes pagan a 60 días, ese mes no llega nunca.

Y ojo con una tentación muy común: contar como dinero disponible la línea de crédito que tienes sin usar. Eso no es caja, es deuda esperando su momento. Si para llegar a 30 días necesitas tirar del préstamo, tus días de caja no son 30: son los que tienes sin él.

Como referencia: por debajo de 30 días, cualquier retraso de un cliente te pone contra las cuerdas. Por encima de 90, tienes margen para negociar, para invertir y para no depender de que nadie te pague a tiempo.

Ahora la trampa. El problema no es la empresa que va mal; esa ya lo sabe. El problema es la que va bien: la que ha crecido, ha comprado más género o ha hecho una inversión, y de pronto descubre que el día 30 no llega. No ha perdido ni un cliente. Solo ha descubierto, tarde, que nunca había medido cuánto aire tenía.

En el Bajo Cinca hay un agravante: la campaña. Quien vive de la fruta o del campo no cobra en línea recta, cobra a golpes. Un año de buena cosecha puede ser un año de mala tesorería si el cobro entra en noviembre y los pagos son de septiembre. Eso no se arregla vendiendo más. Se arregla sabiendo cuándo entra y cuándo sale cada euro.

Así que la tarea de este mes es corta: veinte minutos.

Calcula tus días de caja con tus números, no con los que te gustaría tener. Apunta tres cifras: dinero disponible real, pagos fijos mensuales y días que aguantas. Y después hazte la pregunta que de verdad importa: ¿ese número te deja dormir?

Si te deja, enhorabuena. Tienes algo que muy pocos empresarios tienen: un colchón medido, no supuesto. Si no te deja, ya sabes dónde mirar primero. Y si no sabes calcularlo, ese es exactamente el problema.

Septiembre es buen mes para esto. La empresa vuelve al ritmo real y se empieza a ver quién aguanta el invierno. Con números, claro, no con buenas intenciones. Mejor saberlo hoy que descubrirlo el día 30.

Artículo de opinión. Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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