¿Quién vigila los números de tu empresa mientras estás de vacaciones?

Miguel Angel Lacoma

Artículo de opinión de Miguel Ángel Lacoma Cambra. Si eres empresario, antes de desconectar hazte estas tres preguntas

Agosto. La oficina a medio gas, el teléfono suena menos y, por primera vez en meses, el empresario puede pensar. Pero llego con la pregunta incómoda de turno: mientras tú desconectas, ¿quién vigila los números?

No hablo de la contabilidad. Eso lo lleva el contable (la gestoría en ocasiones) y, con suerte, está al día. Hablo de otra cosa: de saber cuánto dinero va a entrar y salir estas semanas, y de si la empresa aguanta el parón sin sustos.

Los números son tozudos. Si en agosto tus clientes pagan tarde —y en agosto pagan tarde casi todos—, los pagos no se detienen: la nómina de septiembre, los seguros, el leasing, el proveedor de siempre. Una empresa que factura 30.000 € al mes y cobra a 60 días necesita unos 60.000 € de colchón para operar con tranquilidad. ¿Cuántas pymes del Bajo Cinca saben hoy cuántos días de caja tienen? Muy pocas. Y no es culpa suya: nadie les ha enseñado a mirar esa cifra.

Conozco el caso de un empresario que tuvo que suspender las vacaciones y volver de la playa, porque el banco estaba en números rojos. No había hecho nada malo: había facturado más que el año anterior. Pero en agosto nadie le pagó, el stock se había comprado en julio, y los impuestos pagado también. Unos días sin mirar la tesorería y el trabajo de todo un año se tambaleó. La solución no es vender más: es saber con antelación.

Por eso, antes de desconectar, propongo veinte minutos de aburrimiento voluntario. Tres preguntas:

1. ¿Cuántos días aguantaría tu empresa sin vender ni un euro? Si la respuesta es menos de 30, agosto no es mes para improvisar.

2. ¿Qué pagos fijos tienes comprometidos en septiembre? Nómina, impuestos, cuotas. Apúntalos antes de irte.

3. ¿Qué cobros esperas realmente estas semanas? No los que te prometieron: los que de verdad van a entrar.

Con esas tres respuestas, el verano cambia de sabor. No porque los problemas desaparezcan, sino porque dejan de ser sorpresa. Y en esto, como en casi todo, el empresario no necesita magia: necesita números delante y veinte minutos.

Que las vacaciones sirvan para descansar. Y para volver con la caja en orden.

Artículo de opinión. Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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