La opinión de Alfonso: El año de las tijeras gigantes y las fotos

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Alfonso Callejero reflexiona sobre el año que falta antes de las próximas elecciones municipales y las inauguraciones previstas en este año pre electoral

Falta un año para las elecciones municipales. Y como un reloj que marca el ciclo político, comienza la temporada de las tijeras gigantes, las placas conmemorativas, las inauguraciones con sonrisas para la circunstancia. Los concejales y alcaldes desempolvan corbatas, ensayan poses para la foto y preparan titulares. El eterno bache, la obra anunciada por enésima vez, la plaza emblemática. Todo, de repente, urge. 

Y es que a 12 meses de las elecciones todo corre prisa. La Comarca acelera con la residencia, oliendo el año electoral, desempolva el proyecto y anuncia que anuncia. Luego, ¿hasta dentro de 4 años más? Veremos, pero mientras tanto, todos nos volverán a prometer que este año harán la residencia en Fraga. Promesa que en Mequinenza no tendrán que hacer, porque vemos cómo avanza su proyecto, con tesón y compromiso municipal y van cumpliendo plazos para tener la primera residencia pública de toda nuestra comarca.

Como anunciaban a finales del año pasado, vendrá el desfile de políticos por los jardines de Casa Dueso, que querrán inaugurar oportunamente, después de casi veinte años de abandono y cinco largas legislaturas, con tantas alcaldías que prometieron en vano.

Se nos llenará el móvil de reels con ruedas de prensa anunciando proyectos, concejales y alcaldes cortando cintas y posando ante carteles mientras reparten palmaditas en la espalda.

Es cierto que esta legislatura ha reabierto el Cine Florida, un proyecto cultural que llevaba años cerrado y la obra del San José de Calasanz avanza. Pero, ¿son suficientes como el sello de toda una legislatura? 

Porque la lista de lo que sigue pendiente es extensa. El Pont Petit sigue en el limbo de los proyectos, necesita una reforma y una pasarela que lo haga accesible y transitable para los peatones. La vivienda social para jóvenes es un anuncio, mientras los pisos cada día son más inaccesibles. Las baldosas de los jardines Juan Carlos I siguen bailando y provocando sustos y caídas. El Flavia está cerrado, aunque siempre pueden poner un cartel anunciando otra idea feliz que nunca se ejecutará. Y el Casco, sigue languideciendo, ante las mismas promesas de inversión, rehabilitación y conservación que se reciclan y luego se esconden en el fondo de un cajón.

Mientras tanto, en el Paseo de la Constitución hay personas durmiendo entre cartones, esta semana. Trabajadores sin un techo, sin una vivienda digna, sin una solución habitacional.

Este es un patrón muy habitual, con las prisas, se anuncia lo que cabe en una foto. Se inaugura lo que genera un titular. Y todo esto sucede justo a tiempo para el ciclo electoral.

Y ahí es donde siempre pienso que como ciudadano, el anuncio político impostado de última hora, subido a la story de Instagram y envuelto en papel de regalo electoral, no puede quitarme la memoria de estos años.

Pero aquí me surge la pregunta incómoda: más allá de las generalizaciones ¿debemos valorar por igual al político que sí ha cumplido, gestionado y se ha esforzado por sacar adelante su proyecto de ciudad, que al que ha vivido de promesas, titulares vacíos y campañas permanentes? 

Mientras, algunos de ellos traen sus tijeras gigantes para inaugurar deprisa proyectos que durante años quedaron atascados, a los ciudadanos quizá nos toque llegar con memoria. Con la lista de incumplimientos, de promesas olvidadas y de oportunidades perdidas. Porque una localidad, una comarca, no se construye a golpe de reel, de placa, ni cinta cortada a última hora.

Artículo de opinión. Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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