Museos de Mequinenza rescata la historia de la industria del regaliz en la localidad que atrajo a empresarios franceses. La investigadora Daniela Labarta repasó la evolución de las fábricas de extracto de regaliz y su importancia en el pasado industrial de la localidad durante una conferencia enmarcada en la Fiesta de la Historia de Aragón
El regaliz convirtió a Mequinenza en uno de los enclaves aragoneses vinculados a una industria que despertó el interés de fabricantes franceses desde el siglo XVIII. La abundancia de esta raíz en el entorno, la disponibilidad de agua y carbón y la conexión fluvial con los puertos catalanes a través del Ebro favorecieron la implantación de fábricas de extracto que dieron trabajo a decenas de personas y conectaron la economía local con los mercados internacionales hasta el siglo XX.
Estas son algunas de las cuestiones que abordó la investigadora Daniela Labarta en la charla “Las fábricas de extracto de regaliz en Mequinenza (siglos XVIII a XX)”, una actividad que se desarrolló en los Museos de Mequinenza dentro de la programación de la Fiesta de la Historia de Aragón 2026, que organiza el grupo de investigación ARGOS de la Universidad de Zaragoza (Unizar) y que se completó con una visita al Museo de la Mina.
La calidad y la abundancia del regaliz aragonés ya eran conocidas en Francia en el siglo XVII, donde existen referencias escritas que destacaban el procedente de España y, particularmente, de Aragón. En el siglo XVIII comenzaron a instalarse las primeras fábricas artesanales para elaborar extracto de esta planta. Tauste contó con una de ellas en 1779 y Mequinenza se incorporó a esta actividad en 1786, con la fábrica promovida por Pedro Dolz de Espejo y Pomar, considerada la segunda implantada en Aragón y de la que se tienen noticias hasta 1821.



La actividad adquirió una nueva dimensión durante el siglo XIX. Desde alrededor de 1840, empresarios franceses comenzaron a desplazarse a los pueblos de la ribera baja del Ebro para extraer las raíces y transportarlas a sus fábricas en Francia. Más adelante, algunas empresas establecieron sucursales en Aragón para controlar el suministro y procesar la materia prima. La incorporación de calderas de vapor, evaporadores y amasadoras permitió modernizar los procesos de producción aprovechando la disponibilidad de agua y carbón.
En Mequinenza, la presencia de estas empresas se consolidó a partir de 1875, cuando los empresarios franceses Henri Abauzit, Alphonse Perdrix y Paul Aubrespy instalaron una sucursal. Tras la separación de los socios, Perdrix quedó al frente de una de las empresas, mientras Aubrespy desarrolló su propio negocio. La localidad llegó a contar con dos fábricas de extracto de regaliz, vinculadas a estas iniciativas.
Su ubicación reunía ventajas decisivas. Además de la abundancia de la planta, las fábricas disponían de agua para el proceso industrial y carbón procedente de la cuenca minera próxima. El Ebro ofrecía una vía de transporte hacia los puertos catalanes y el Mediterráneo mediante los llaüts, las embarcaciones tradicionales que navegaban por el río. La contratación de mano de obra local, incluidas mujeres, completaba las condiciones que favorecieron el desarrollo de esta actividad.
La dimensión económica de la industria queda reflejada en los datos de la fábrica vinculada a Perdrix: en 1882 empleaba entre 60 y 70 personas y adquiría entre 70.000 y 80.000 arrobas de regaliz en localidades de las riberas del Cinca y, en menor medida, del Segre. La raíz se transformaba en extracto, que se enviaba a Francia en cajas de madera de entre 100 y 120 kilos y en bloques de cinco kilos conocidos como «panes». En las fábricas francesas se elaboraban posteriormente las barras de regaliz destinadas a la comercialización.
Por su parte, la fábrica de Paul Aubrespy contaba con dos calderas y un molino de vapor, y suministraba raíces y extracto a su instalación de Uzès, en Francia. Con el tiempo, la empresa recurrió también a la compra de extracto procedente de Italia y de otros países mediterráneos, reflejo de los cambios que experimentó el sector durante el siglo XX.
La conferencia también recorrió la historia de las familias que estuvieron al frente de estas empresas. Especialmente la de Alphonse Perdrix bisabuelo de dos mequinenzanos celebres: el músico Antonio Vallés y el periodista e historiador Edmon Vallés.
La investigación presentada por Labarta Camacho nació de su afición al coleccionismo de medicamentos antiguos, que la llevó a profundizar en la historia del comercio y la industrialización del regaliz en Aragón. Diplomada en Técnica en Empresas y Actividades Turísticas en Huesca en 1984, ejerció durante 33 años como docente en centros de Formación Profesional de Hostelería y Turismo, tanto en Navarra como en Aragón. Se jubiló en 2021 y reside actualmente en la localidad oscense de Arguis.








