Miguel Ángel Lacoma: El espejismo del crecimiento, cuando España va bien, pero tú no lo notas

lacoma marzo

Artículo de opinión del conusltor financiero, y colaborador de Diario Bajo Cinca, Miguel Ángel Lacoma Cambra

En los últimos meses se ha instalado un mensaje bastante claro en el discurso económico: la economía va bien. Los datos acompañan, el PIB crece, el empleo resiste y, en términos generales, España mantiene un comportamiento razonable dentro del contexto europeo.

Sobre el papel, todo encaja.

Sin embargo, cuando uno se aleja del titular y se acerca a la realidad de las empresas, empieza a aparecer una cierta incomodidad. No tanto en forma de queja, sino como una sensación difícil de encajar: si todo va bien, ¿por qué cuesta tanto?

La respuesta está, en gran medida, en lo que realmente mide —y lo que no mide— ese dato que utilizamos como referencia: el PIB.

El Producto Interior Bruto mide actividad. Mide cuánto se produce, cuánto se vende, cuánto se mueve la economía en su conjunto. Pero no mide rentabilidad. No mide cuánto queda después de cubrir los costes. Y, desde luego, no mide la calidad de ese crecimiento ni el esfuerzo necesario para sostenerlo.

Por eso es perfectamente posible que una economía crezca y que, al mismo tiempo, muchas de las empresas que la componen no estén mejorando su situación. Más actividad no implica necesariamente más beneficio, igual que más facturación no implica necesariamente más dinero.

De hecho, esta confusión es bastante habitual también dentro de la propia empresa. Es frecuente encontrar negocios que presumen de cuánto han crecido en ventas, de cómo han aumentado su volumen o de los hitos de facturación alcanzados, mientras la rentabilidad se estrecha, la liquidez se tensiona y la sensación de ir justo se vuelve cada vez más habitual.

En comarcas como el Bajo Cinca, donde la actividad económica puede experimentar picos importantes en determinados momentos del año, esta diferencia entre actividad y resultado se percibe con bastante claridad. Una campaña puede ser intensa, con mucho movimiento y cifras de producción elevadas, y sin embargo dejar una sensación agridulce cuando se analizan los números con algo más de detalle.

El motivo suele ser el mismo: crecer en actividad es relativamente fácil en determinados contextos, pero convertir ese crecimiento en rentabilidad sostenida es bastante más complejo. Los costes aumentan, la estructura se vuelve más exigente, los plazos de cobro se alargan y el dinero queda atrapado en el propio funcionamiento del negocio.

A esto se suma un entorno en el que el acceso a la financiación ya no es tan automático como lo fue durante años. El coste del dinero es más elevado, el análisis es más exigente y los errores en la gestión se reflejan antes. En ese escenario, el volumen deja de ser una garantía y pasa a ser, en muchos casos, un factor de presión adicional.

Quizá por eso cada vez más empresarios empiezan a cuestionar ese relato simplificado del crecimiento. No porque los datos sean falsos, sino porque son incompletos. Porque medir actividad es útil, pero quedarse ahí puede llevar a conclusiones equivocadas.

Una economía puede estar creciendo y, al mismo tiempo, estar generando más tensión que estabilidad en su tejido empresarial. Del mismo modo que una empresa puede estar vendiendo más que nunca y, sin embargo, encontrarse en una situación más frágil que en etapas anteriores.

La diferencia no está en cuánto se hace, sino en qué queda después de hacerlo.

Por eso, cuando se habla de crecimiento, quizá convendría empezar a matizar el término. No todo crecimiento es igual, ni todo aumento de actividad implica una mejora real. Y, sobre todo, no todo lo que se puede medir es lo que realmente importa.

Porque al final, tanto en la economía como en la empresa, la clave no está en cuánto se mueve, sino en cuánto se gana… y, por descontado, en qué condiciones se consigue.

Artículo de opinión. Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

Deja una respuesta