La opinión de Alfonso Callejero: “Vaya crack, Julio Iglesias”

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Alfonso Callejero reflexiona este mes sobre machismo, Gen Z y actualidad, en su artículo de opinión de enero

La frase salió entre risas, miradas cómplices y sonidos guturales. Mi mirada desde la lejanía se arqueó y la sorpresa por la desafortunada expresión hizo que prestara atención al grupo de gladiadores de papel maché que tenía allí pavoneándose.

Ahí estaban, un grupo de jóvenes señoros sudados envalentonados, móvil en mano exaltando las noticias, como si fuera una hazaña, lo supuestamente hecho por el cantante, al nivel de un  gol del Madrid o una medalla olímpica patría. Como si el supuesto acoso sexual tuviera que ser motivo de chanza y celebración y no de profundo y radical rechazo. O se tuviera que medir una teórica masculinidad por las conquistas forzadas. Teniendo presente que la única legitimidad debe basarse en el respeto, la empatía y el consentimiento mutuo.

Pero no, estaban riéndose de forma cómplice, como hace unas generaciones sus antecesores estaban desparasitándose mútuamente. Convirtiendo una terrible noticia en anécdota de brandy, sudor y puro. Transformando el dolor de las posibles víctimas en motivo de chiste y funestos vítores. Porque para este coro de autómatas, aparentaba que el supuesto agresor no lo es tal, si no un crack. 

Ante esta situación no hay matices. Celebrar es ponerse en el lado del machismo, cobijar y crear el espacio para que estos dantescos sucesos se perpetúen. Y en este contexto el abuso de poder, la violencia sexual, la coacción y la ausencia de consentimiento son delitos, no hazañas. Y por encima de todo, las víctimas merecen justicia, comprensión, toda nuestra empatía y no grupos de custodios de reliquias de una cueva celebrando o compartiendo por Whatsapp, en las barras de los bares o en los gimnasios las atrocidades que han sufrido.

Estos vestigios de barra de bar o vestuario con olor a naftalina, coñac o en su versión gen z; gafas amarillas y Tiktok que gorgojean estas frases confunden poder con respeto, conquista con consentimiento, violencia con empatía.

Porque la igualdad no es solo una cuestión de leyes o de políticas públicas, es también una cuestión de educación. De educarnos a los hombres para entender que la masculinidad no depende de las “conquistas nocturnas” o de “ayudar en casa”, si no de construir relaciones basadas en el respeto, igualdad, apoyo mutuo y confrontar activamente esos comentarios que normalizan las actitudes machistas en todos sus aspectos. En definitiva, que no haya espacios basados en el abuso de poder, desigualdad o violencia. 

De esta manera, mientras haya risas cómplices y golpes en la espalda ante el sufrimiento de una víctima. Mientras la cultura del “vaya crack” impregne nuestros bares y conversaciones, estaremos más cerca del pasado que de una sociedad que aspire a la igualdad.

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