Crecer ya no es gratis: la nueva realidad de las pymes

Miguel Angel Lacoma

Artículo de opinión de Miguel Ángel Lacoma, consultor financiero y colaborador de Diario del Bajo Cinca, especializado en PYME

Durante mucho tiempo, crecer fue casi automático. Vendías más, contratabas a alguien, ampliabas un poco la póliza del banco y seguías adelante. El crecimiento se daba casi por hecho. Hoy ese escenario ha cambiado. Y conviene decirlo claro: crecer vuelve a costar dinero.

No es una sensación ni una queja. Es una realidad que muchas pequeñas y medianas empresas están empezando a notar. Los tipos de interés son más altos, el acceso al crédito es más exigente y los errores se pagan antes. Lo que antes se resolvía “tirando un poco más” ahora genera tensiones serias de liquidez.

El problema es que muchas empresas siguen intentando crecer con las reglas del entorno anterior. Se sigue pensando que vender más arregla casi cualquier cosa. Que el dinero ya aparecerá. Que el banco siempre estará ahí. Y eso, hoy, es una trampa peligrosa.

Aquí conviene tocar un punto incómodo: el objetivo no debería ser que crezcan las ventas. El objetivo debería ser que crezca el margen. Y, después, el beneficio. Vender más sin mejorar márgenes suele significar trabajar más, asumir más riesgo y, paradójicamente, tener menos oxígeno financiero. No digamos ya si hacemos descuentos y nos cargamos el margen que teníamos.

El crecimiento, en realidad, consume caja antes de generarla. Más ventas implican más clientes a los que financiar. Más actividad suele exigir más stock. Más estructura significa más costes fijos que hay que pagar todos los meses, vendas o no vendas. El dinero sale mucho antes de que entre. Y si nadie lo está mirando, el susto llega sin avisar.

Por eso muchas empresas “crecen” y, aun así, viven con la sensación permanente de ir justas. Porque el problema no es cuánto se vende, sino cómo se vende y a qué margen. Sin margen suficiente, el beneficio se resiente. Y sin beneficio, no hay caja que aguante.

A esto se suma que la deuda no es ni barata ni automática. El banco pregunta más, pide más información y mide mejor el riesgo. Y cuando empieza a pedir explicaciones con insistencia, normalmente es porque el margen de maniobra ya es pequeño. El problema no es el banco; el problema es llegar tarde a esa conversación.

En este contexto, hay una idea que cuesta asumir: no todas las empresas deberían crecer ahora. Y no pasa nada por decirlo. Crecer mal es peor que no crecer. Consolidar, mejorar márgenes y ordenar la estructura financiera puede ser, en muchos casos, una decisión mucho más inteligente que lanzarse a vender más sin red.

Porque el orden lógico es otro. Primero margen. Después beneficio. Y finalmente, beneficio que se transforma en caja. Cuando ese proceso funciona, la empresa gana estabilidad, capacidad de decisión y margen para invertir. Cuando no funciona, cualquier crecimiento se convierte en una fuente de problemas.

Durante años se ha vendido el crecimiento como un objetivo en sí mismo. Hoy vuelve a ser lo que siempre debió ser: una consecuencia. La consecuencia de un modelo rentable, bien financiado y controlado.

En la nueva realidad económica, crecer exige algo más que ganas y trabajo. Exige entender qué pasa con el margen, con el beneficio y, sobre todo, con la caja. Y esa es una conversación que muchas pymes, también aquí, todavía no se han atrevido a tener.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de Diario del Bajo Cinca.

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